Cultura y Vinos

Vinos recomendados por robots

La Inteligencia Artificial promete revolucionar el conservador mundo del vino, introduciendo cambios y mejoras en los sistemas de comercialización y hasta en los motores de recomendaciones para los consumidores.

Las nuevas tecnologías también afectan nuestras costumbres enófilas.

Por Fernando Garello – ¿Llegará el día en que un robot nos diga que vino habremos de beber? Es lamentable pero me inclino por esa posibilidad escalofriante. De hecho, la mayoría de las compras online que realizamos en la actualidad, una actividad que no para de crecer y que se incrementó notablemente durante la pandemia, están influenciadas por opciones que surgen del análisis de nuestros comportamientos ante un ordenador o un teléfono inteligente, tarea que se conoce como Customer Intelligence, una herramienta a la cual la mayoría de las empresas tienen acceso.

Desde hace varias décadas la denominada Inteligencia Artificial intenta comprender y explicar mediante algoritmos el funcionamiento conductual de las personas. Hoy los robots son capaces de analizar datos en tiempo real y de recordar experiencias y deseos que nosotros olvidamos o al menos no tenemos presentes en nuestra conciencia y que nos devuelven como una suerte de deja vu en las redes sociales, buscadores y páginas webs que visitamos. ¿Por qué no habría de utilizarse esa información tan valiosa para predecir e incluso moldear nuestros gustos enófilos? En la actualidad, la meta de la denominada Costumer Intelligence es definir personalidades de compra, mediante algoritmos capaces de establecer patrones de conducta que sirvan para predecir compras futuras.

El tema ha adquirido la trascendencia suficiente para que sea tratado en espacios como el Institute of Masters of Wines, donde especialistas de todo el mundo coincidieron en que la IA producirá una de las mayores innovaciones en la historia de la industria del vino. Entre otras cosas, se espera que esta tecnología tenga un enorme impacto en los nuevos sistemas comerciales de vinos, así como también en los motores de recomendación que, al procesar las preferencias, calificaciones y reseñas de los usuarios, generan experiencias de compra en línea personalizadas.

Heini Zachariassen, CEO de la aplicación Vivino, presentó una de las nuevas características de la plataforma que, al escanear las múltiples revisiones enviadas para un vino determinado, permite la categorización y el filtrado automático, como las menciones repetidas de ‘acidez’ correspondientes a una clasificación más alta para las búsquedas de un alto contenido de ácido.

Zachariassen argumentó también que los días de la crítica del vino han terminado, diciendo que tener un número significativo de calificaciones enviadas por los usuarios en realidad proporciona una clasificación más precisa que la puntuación otorgada por un solo catador experto.

Memoria robótica

Nunca en la historia hubo tantos datos disponibles sobre el comportamiento de los consumidores.

Por ejemplo, la inteligencia artificial sabe que visité en varias ocasiones la finca que perteneciera a la familia Blousson, en el Valle de Uco y que ahora es propiedad de La Coste de los Andes. Tiene en cuenta que compartí en redes sociales entrevistas a Patrick Blousson, el artífice del emprendimiento y a Lucas Giménez, enólogo de La Coste de los Andes, así como también una experiencia gastronómica inigualable en Atipana, el restaurante que allí funciona y que está a cargo de la chef Miriam Chávez.

Además “sabe” que quedé encantado con el Andillian Malbec Orgánico de Los Chacayes, al igual que los rosados que elabora su bodega hermana, Chateau La Coste, en La Provence, Francia. Y hasta que puse me gusta en publicaciones de la bodega, del enólogo y de seguidores, muchos de los cuales no conozco personalmente.

También “recuerda” que hace seis años disfruté enormemente un torrontés catamarqueño que compré en un almacén y bebí en un alto que hice en la plaza de Fuerte Quemado, un pintoresco pueblito del sur del Valle Calchaquí, cuando iba de camino a Cachi. Esa grata experiencia espontánea, solo vuelve a mi conciencia cuando pruebo algún torrontés o pienso en algunos de los viajes que hice al noroeste argentino, pero los robots que analizan mi perfil consumidor la tiene siempre presente. Esa es la diferencia entre lo humano y lo robótico.

Los robots que tienen acceso a la información sobre hábitos y gustos personales que se acumulan en forma constante en las redes sociales y los sitios webs que visitamos, son capaces de recordar de una manera mucho más eficiente que nosotros mismos, razón por la cual no debería sorprendernos que en poco tiempo más, una suerte de sommelier robot pueda decirnos con una voz metálica e impersonal que deberíamos acompañar tal o cual comida que nos gusta con este u otro vino que ya fue de nuestro agrado.

Predecir no es estimular

Para mi la pregunta no es tanto si de aquí en más la IA podrá predecir nuestro comportamiento como consumidores de vinos, basándose en los datos existentes y disponibles sobre nuestras experiencias enológicas, sino más bien, si será capaz de hacernos descubrir gustos que nosotros hoy no sabemos que tenemos o que podremos tener, algo que un sommelier humano sí está capacitado para hacer. Ese es el verdadero desafío que debería sortear la IA para desarrollar un robot al que se pueda llamar sommelier sin cometer una injusticia.

Fernando Garello es periodista, sommelier, socio de AAS.

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