Música

San Pedro, otro santo en remera

Divididos, la gran banda del rock nacional, volvió a Rosario para ofrecer al público de la ciudad y la región otro concierto memorable, esta vez, sin problemas de sonido y con la complicidad de San Pedro en el Anfiteatro Municipal Humberto de Nito.

Ricardo Mollo en el Anfiteatro Municipal  Humberto de Nito de Rosario (Fotografía: Clara Loft).

Ricardo Mollo en el Anfiteatro Municipal Humberto de Nito de Rosario (Fotografía: Clara Loft).

Esta vez la amenaza no eran los problemas de sonido que conspiraron contra la última presentación que había realizado la banda en septiembre del año pasado en una disco de la ciudad, sino  la posibilidad cierta de una lluvia. Así lo reconoció el propio Ricardo Mollo, quien a las 21,43 se asomó por el escenario del anfiteatro rosarino para anunciar que el inicio del concierto se retrasaría porque todavía estaba ingresando público. Alrededor de diez minutos después, la presentación tan esperada por los rockeros de Rosario y la región, dio comienzo con una curiosa dedicatoria a San Pedro que afortunadamente no defraudó y demostró que es “otro santo con remera”.

La aplanadora del rock argentino arrancó y terminó su concierto de aproximadamente dos horas de duración con una apelación a sus orígenes, interpretando canciones de Sumo, como Next week, que abrió con todo el power y sirvió para templar el ánimo del auditorio. Cajita musical (Vengo del placard de otro, 2002) siguió en la misma línea, demostrando la continuidad que existe entre ambas bandas, tanto en lo estético como en lo sonoro.

La ráfaga que mantuvo el concierto en el mismo nivel de intensidad descargó temazos como Alma de budín (Gol de mujer, 1998);  Casi estatua y La ñapi de mamá (Narigón del siglo, 2000); Cabeza de maceta (Gol de mujer, 1998); Perro funk (Amapola del 66) y ¿Qué tal? (Acariciando lo áspero, 1991).

El respiro llegó de la mano de clásicos electro acústicos como Vientito de Tucumán (Gol de mujer, 1998) y Pepe Lui (Vengo del placard de otro, 2002), tema es último, que contó con la participación del guitarrista rosarino Diego Florentín -músico ligado a la banda que en otras presentaciones subió al escenario para interpretar Sisters (Vivo acá, 2003)-; 15-5 (Otro le Travaladna, 1995);  Brillo triste de un canchero ( Vengo del placard de otro, 2002) y Par mil (Narigón del siglo, 2000) .

Como suele ocurrir, la calma volvió a preceder al temporal y la serie de temas que fue subiendo en intensidad hasta explotar con el clásico de Pappo´s blues, Sucio y desprolijo, se inició con Villancico del horror (Vengo del placard de otro 2002), prosiguió con Amapola del 66 y Hombre en U (ambos de Amapola del 66, 2010).

El clásico de Pappo´s blues hizo literalmente volar por los aires a un anfiteatro desbordante por un público que puso a prueba a Mollo, lanzándole una zanahoria para que demuestra sus habilidades.

De allí en adelante todo fue descontrol: Paisano de Hurlingham; Rasputín-Hey Jude (La era de la Boludez, 1993); Paraguay; Ala delta y El 38 (Acariciando lo áspero, 1991) no hicieron otra cosa que avivar el fuego y preparar al auditorio para el golpe final que llegó con el “Sumazo”, una tremenda zapada sobre temas de la mítica banda liderada por el desaparecido Luca Prodan.

Un momento especial se vivió cuando Mollo utilizó una guitarra construida con hojas de bronce por un artesano rosarino que fue reconocido debidamente desde el escenario.

Tres cosas quedaron en claro tras el paso de Divididos por Rosario: que es la banda de mayor preponderancia del rock nacional actual; que su líder cuenta con la complicidad de varios santos, entre ellos San Pedro; y que el Anfiteatro Municipal es decididamente su casa en la ciudad.

Crónica: Giset Terreno

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