Teatro

Rosas ante el espejo

Pompeyo Audivert y Rodrigo de la Serna participaron de una charla sobre el proceso de creación, ensayos y dirección de la obra El Farmer en el teatro La Comedia.

De la Serna y Audivert respondieron preguntas sobre El Farmer (Foto: G. Turin Bootello).

De la Serna y Audivert respondieron preguntas sobre El Farmer (Foto: G. Turin Bootello).

Por Mariana García – En una sala llena, preciosa e histórica como la del teatro La Comedia, donde pasaron tantos talentos, los actores agradecieron al público por estar presente. No había nada preparado, el ritmo se fue dando por las distintas preguntas que la gente hizo. Lo grotesco  en el teatro es la expresión desbordada, que imprime toda una época, un  género de actuación argentina muy antigua y olvidada. Es Pompeyo Audivert gran referente nítido de este estilo- tradición. El Farmer, la obra que protagoniza y dirige junto a Rodrigo de la Serna, encara el patetismo de un  anciano que alguna vez fue grande y manejó los destinos públicos y privados de millones de personas, pero que ahora es un ser enajenado en un rancho.  Que ya no es más Juan Manuel  de Rosas, que se ha convertido en un viejo abandonado. La obra es una adaptación de la novela homónima de Andrés Rivera.

En los modos de producción teatral, las escuelas rusas y las vertiente norteamericana empezaron a predominar con los lenguajes del yo afectado que luego, lamentablemente, nuestra tradición de género grotesco relegó. Es en este tipo de actuación donde Rodrigo de la Serna tiene una sobre naturaleza. No le tiene miedo a cierto grado de artificio, porque lo artificial puede ser parte de una actuación orgánica y real que no tiene que estar anclada en el naturalismo o en la  imitación, sobre lo cual Pompeyo Audivert opinó: “Yo creo que se trata de  de recuperar ciertas fuerzas artificiales, ciertas fuerzas formales y dar cuenta del equilibrio”.

El teatro tiene que transparentar una estructura metafísica y sobrenatural. De lo contrario quedaría al servicio  de una mecánica refleja, volviéndose fenómeno de una sociedad que se mira en el espejo, cuando en realidad lo que debería hacer es darle un piedrazo a ese espejo. La idea del reflejo seguirá presente pero hay una fuerza que debe ser fracturada. En la actuación, tanto de la Serna como Audivert, logran la sensación de otredad. El sentir que  ya se fue otro, que se puede volver a ser otro.

Rosas es una figura que permite dar un piedrazo en el espejo, basta con ponerle al comienzo de la novela Rosas y se transforma en un monólogo. El diálogo interno de un viejo a punto de morir en el exilio, que va haciendo un raconto desordenado de su vida e intentando entender, va puteando contra el pasado, preguntándose sobre el sentido de su presencia en la vida de los argentinos. Eso es El Farmer “un texto hermoso, donde Rivera funciona como un médium a través del cual Rosas habla con él mismo”, dijo Pompeyo Audivert.

Jorge Rivak, el hijo de Rivera, le propuso llevar la novela al teatro. Pero trabajar en la adaptación no le fue fácil ¿El problema?, un guion demasiado monumental para un solo actor, para un solo cuerpo y esto los llevo a  diseccionar en a Rosas en dos.

Lo curioso del artificio es que alcanza un grado de realidad y de organicidad que supera a la realidad histórica, por eso el arte es el arte. El teatro es el arte de esa averiguación o de ese planteamiento de la identidad.

El cuadro histórico del grupo estuvo comandado por de la Serna, fue él quien aporto toda la información histórica. “No hace falta conocer vida y obra de Rosas, porque el núcleo y la médula real va más allá del personaje”.

Es difícil pensar como sonaba el siglo XIX, sobre todo la primera mitad. Ya que había un extrañamiento del lenguaje por la afectación castiza que había en ese momento, los acentos españoles por ejemplo. Es un trabajo de investigación e imaginación que los actores de El Farmer supieron resolver con solvencia y ambos personajes convencen y seducen.

La vuelta en el bicentenario de la Independencia

La obra El Farmer volverá a presentarse los días 8 y 9 de julio del 2016 en el Auditorio Fundación Astengo, en el bicentenario de la Declaración de la Independencia.

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