Cine

Pueblo escondido, infierno grande

Valentín Javier Diment asistió al estreno de su tercer largometraje, El eslabón podrido, en el marco del 23° Festival de Cine Latinoamericano Rosario.

El eslabón podrido, de Valentín Javier Diment, se estrenó en el FCLR.

El eslabón podrido, de Valentín Javier Diment, se estrenó en el FCLR.

Por Mariana García – Buen plan para un viernes a la noche. La sección penumbras que acompaña y estimula la producción de cine de género fantástico y de terror en Argentina y Latinoamérica estrenó El eslabón podrido. En este especial, Luciano Redigonda y Hernán Panessi hicieron la presentación de la película. Doble aplauso para el director que presenció la proyección en el cine El Cairo.El tercer largometraje de Valentín Javier Diment ha cosechado numerosos premios en festivales internacionales. Más  cercana a la explicación que a la advertencia, el género  como una herramienta para escribir aquello que se quiere contar puede ser en ocasiones una opción. El director del Eslabón podrido propone un humor deforme, un terror no careta. Ofrece un sentir que no se  malgasta el tiempo en verla. La amas o la odias pero el mensaje es claro. Dicho de otro modo es cuestión de gustos y momentos.

Jugando entre lo trágico y lo sádico transcurre el relato. En “El Escondido” vive Raulo (Luis Ziembrowki), un retrasado mental de unos cincuenta años, leñador. Él se gana la vida recogiendo leña, su hermana Roberta (Paula Brasca) es la joven prostituta del paraje donde viven y  Ercilia (Marilú Marini), es curandera,  la madre senil de ambos.  El conflicto de la historia se da por la prohibición de Ercilia a Roberta de mantener relaciones sexuales con el único hombre del pueblo con el que no estuvo. De hacerlo, las consecuencias serían funestas  para ella. Quien quiera  la experiencia de ver una película  profunda y le permita ejercitar  puntos de vistas más personales en relación al mundo o a uno mismo, está en el camino correcto. 73 minutos de filme te llevan a un universo en el cual no hay pista antes de ir.

A diferencia de su nombre, “El Escondido” no es un paraje que se ocupa de esconder sus miserias, las mismas conviven con naturalidad en la  superficie donde se pueden observar las tradicionales costumbres humanas. La belleza de la fotografía contrasta con la sordidez de la historia. La música acompaña la sangre y la violencia en un contexto geográfico indefinido con una temporalidad apenas marcada por un patrullero que sitúa la época. Los festivales de cine son, como lo dice su nombre, fiestas. Un lugar donde existe algo distinto dentro de lo convencional y la posibilidad de ver algo singular. Particular y muy fuerte,      El eslabón podrido invita a tomar una posición.

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