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Nicola Constantino en primera persona

La Artefacta documenta la fascinante e inquietante obra de Nicola Constantino y el viernes, durante la apertura oficial de la vigésimo segunda edición del Festival Latinoamericano de Video y Artes Audiovisuales de Rosario, se proyectó con la presencia de la realizadora y de la artista plástica.

 

Por Fernando Garello – El documental de Natalie Cristiani facilita el acceso del público a una obra tan provocativa como singular como la de Nicola Constantino que se encuentra especialmente vinculada a la historia vivencial de la artista plástica. La artefacta fue proyectada el viernes último en El Cairo Cine Público, durante la apertura de la vigésimo segunda edición del Festival Latinoamericano de Video y Artes Audiovisuales de Rosario, y ofrece un primer plano de la reconocida creadora.

La narración en primera persona está a cargo de la propia creadora y si bien esto anula cualquier posibilidad de cuestionamiento de su punto de vista, plantea una proximidad que cautiva a quien lo mira. Por otra parte, bucear a través de la infancia de Constantino no es una tarea inútil, mucho menos aburrida, porque durante los últimos años de la década del 60 y los primeros del 70 se encuentran las experiencias que marcaron su vida como artista. Como aquel día en que su padre, un médico cirujano, le permitió observar su trabajo en el quirófano. Constantino recuerda que veía a mujeres dormidas que su padre cosía e incluso que tuvo el atrevimiento de pedirle que las suturara con mayor cuidado.

Muchos años después la artista utilizó las lámparas para cirugía que usaba su padre para una instalación que presentó en Venecia y que incluía lágrimas de hielo que se iban derritiendo con el calor y que remitían al conmovedor sepelio de Evita.  El primer aproximamiento al arte se dio a partir de un fascículo de pintura dedicado a Antonio Berni que había en su casa. Ya tenía la materia prima necesaria para comenzar a dar forma a su singular obra, algunos años después, luego de ingresar a la Universidad y de emigrar a Buenos Aires para crear sin parar.

Al parecer Constantino tuvo desde siempre la capacidad de transformar sus experiencias vivenciales en arte. Cada una de sus creaciones lleva consigo las marcas de la infancia. Como sus experimentaciones con animales embalsamados que dieron lugar a obras inquietantes y aprovechan la crueldad que observó en el campo, donde su sacrificio es un hecho establecido e incuestionable.

El filme también ofrece un backstage del proceso de creación de obras que causaron impacto en el mundo del arte, como los jabones que fabricó en el taller de sus parientes con grasa obtenida en una lipoaspiración que se realizó o la doble que utilizó para enfrentar su maternidad o las prendas que confeccionó con materiales que imitan la piel humana.

La obra de Constantino desafía umbrales como el asco y el miedo. Es polémica desde su misma gestación, aunque honesta, como puede comprobarse en este documental. También es movilizadora y extrañamente singular, virtudes que la crítica nacional e internacional casi siempre supo valorar.

Da la sensación que La Artefacta es otra creación de la propia Nicola Constantino para explicar su obra y explicarse a sí misma y que Natalie Cristiani es una fiel y cuidada ejecutora. El resultado es satisfactorio y la elección del filme para abrir el Festival Latinoamericano de Video y Artes Visuales, indudablemente acertada.

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