Cultura y Vinos

“Nadie abre un espumante si está triste”

Desde hace treinta años Pepe Reginato elabora junto a su familia los espumantes de medio centenar de bodegas argentinas de primera línea. Afirma que el mejor maridaje para la bebida es un cabrito asado con sal, pimienta y limón.

 

Por Fernando Garello – Desde hace más de treinta años la familia Reginato elabora espumantes para medio centenar de bodegas argentinas de primera línea. Pepe aprendió el oficio junto a su hermano Luis, director de viñedos de Catena Zapata y creador de la línea Chamán, de su padre, quien hoy tiene 85 años y continúa trabajando. El jueves participó de la feria que un grupo de productores amigos realizó en Córdoba y en otras ciudades del país. “El mejor maridaje para un vino espumante es un cabrito asado con sal, pimienta y limón”, dijo en tono relajado, lejos de las dificultades que presenta el trabajo diario en la bodega.

Un diálogo de no más de diez minutos resulta suficiente para que Pepe Reginato entregue las frases que todo periodista especializado en vinos necesita para titular una buena nota. “Nadie abre una botella de vino espumante cuando se siente triste”; “Nos enseñaron a hacer espumantes los franceses y durante mucho tiempo cometimos el error de tratar de emular al champagne y este no se puede emular porque es un producto que sólo se hace en la región de Champagne”; “Una vez que me convencí que nunca podría hacer champagne, me enfoqué en tratar de elaborar los mejores espumantes que puedan hacerse en el Valle de Uco”.

El origen de Celestina, en mi opinión uno de los mejores espumantes argentinos por su calidad y originalidad, está precisamente asociado a ese camino que Pepe inició cuando dejó de soñar con el champagne. “Mi papá trabajó durante cincuenta años en una bodega que hacía unos vinos malbec muy ricos y por consiguiente queríamos hacer espumante de malbec pero no nos salían y eran muy feos. Un día empezamos a cosechar la uva más verde y a prensarla con suavidad en lugar de molerla y así nació Celestina, un espumante cien por ciento malbec, que hacemos con mucho amor y que lleva el nombre de nuestra madre”, relata.

Se entusiasma a la hora de explorar todas las alternativas que hoy tiene la bebida, cuyo consumo va en constante crecimiento y que ha dejado de ser protagonista exclusiva de las fiestas de fin de año. “El espumante está asociado a la celebración”, al punto que “nadie abre una botella cuando se siente triste”, afirma en la terraza de Macacha Güemes de Córdoba, donde se realizó la feria de productores amigos, un grupo de cual forma parte.   

Al igual que ocurre con los vinos tranquilos, el secreto del espumante se encuentra en la viña y en el vino base. Por supuesto, la tecnología también hace su aporte. “En Mendoza, ya no existen bodegas que no tengan clapés y tapas de acero inoxidable y eso impide que un montón de sabores no deseados aparezcan en nuestros vinos, algo que resulta aún más importante en el proceso de elaboración de espumantes”.

Para Pepe Reginato la discusión sobre la conveniencia del método champenoise sobre el charmat puede reducirse a la cuestión de si resulta mejor un bife de chorizo cocinado en una parrilla o en una plancha. “¿Cuál es más rico? El que más te guste porque la calidad es la misma y no depende del método de elaboración sino de la uva y del vino base en el caso de los espumantes”, afirma. El método le agrega o le quita complejidad y eso influye en  la ocasión en que se lo bebe, razón por la cual “hay momentos como una fiesta donde el espumante elaborado mediante el método charmat resulta más adecuado porque es más fresco, frutado y fácil de beber. En cambio, para acompañar una comida el champenoise ayuda más”. 

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