Cine

Más allá de Allende

El documental rodado por la nieta del ex presidente chileno clausuró la vigésima tercera edición del Festival de Cine Latinoamericano Rosario.

María Teresa Viera Gallo, montajista del documental.

María Teresa Viera Gallo, montajista del documental.

Por Mariana García – A sala llena se proyectó Allende, mi abuelo Allende en el cine El Cairo con la presencia de María Teresa Viera Gallo, montajista del documental. El cierre de la vigésima tercera edición del Festival de Cine Latinoamericano Rosario se dio con el trabajo delicado de Marcia Tambutti. La película explora la intimidad de una familia pública con un gran pudor para hablar de sus propios recuerdos. La directora, nieta del difunto presidente chileno Salvador Allende, regresó a Chile en 2007 desde México, donde se había exiliado, para recoger por más de ocho años los testimonios de su familia sobre la faceta más personal de su abuelo.

“A mí no me interesa ver cómo era el chico, me interesa saber cómo era mi familia con el Chicho. Y eso es bien distinto” le dice Marcia en un diálogo que tiene con su madre Isabel Allende Bussi. Los Allende resuenan en cualquier persona y cualquier familia, porque todas las familias tienen un secreto o cosas de las cuales nunca hablan -sobre todo cuando es un recuerdo asociado al dolor- hasta que un buen día de repente alguien quiere descubrir eso.

No obstante septiembre está presente y es muy simbólico. Fue el mes donde hace 43 años el golpe de Estado en Chile derrocó a Salvador Guillermo Allende Gossens, el Chicho como le dicen sus seres queridos. Es momento de recuperar la memoria y acercar al espectador a una historia íntima y cálida que emociona. Armada de paciencia y cariño, Marcia Tambutti logra derribar algunas barreras, en beneficio de lo que no sólo resulta al final un documento para la historia sino también, de paso, una exploración de los vínculos de una familia.

Constantes infidelidades, aciertos y errores de Allende son expuestos por su nieta en 98 minutos que recurren a fotografías de la vida cotidiana, perdidas con el golpe, y a testimonios de familiares directos del fallecido mandatario socialista. La cinta busca la luz.

De silencios largos el filme se vuelve un mérito sumergido bajo la trascendencia política de Allende, el exilio y el dolor de su linaje.

Salvador fue una máquina de la política. Toda su vida giró en torno al poder. Su familia era su principal aliada. No tuvo hijas: tuvo secretarias, parlamentarias, diputadas. Su esposa se mantuvo alejada de las declaraciones en público, pero siempre lo acompañó en sus batallas electorales. Ni a ella ni al resto de la familia les pidió ni les preguntó nada. Simplemente las involucró y les demostró que eran una pieza fundamental en el éxito de la Unión Popular, de la revolución.

El suicidio fue la única forma de librar el peso del existir. Es interesante pensar como un líder tiene todo un ecosistema que está detrás. Cuesta imaginar los sacrificios de los familiares, de los amigos y la huella que dejó toda la entrega y generosidad en su gente.

La familia Allende Bussi era un pulpo: Allende la cabeza, el resto los tentáculos. Cuando murió el ex presidente de Chile, los miembros parecieron haberse despedazados por el océano.  Desafío cumplido para al Festival de Cine Latinoamericano Rosario al poner al servicio de la comunidad un valioso patrimonio de imágenes.

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