Música

Madera, microchip e intensidad

Catupecu Machu volvió a Rosario pero esta vez con un concierto singular denominado Madera Microchip que funde sonoridades diversas y recupera canciones que dan forma a un repertorio gestado durante más de veinte años de trayectoria.

 

Por Giset Terreno – Madera Microchip es un concierto singular que une sonidos opuestos sobre un repertorio que Catupecu Machu fue gestando durante más de dos décadas de trayectoria. El viernes, el público de Rosario y la región tuvo oportunidad de presenciarlo en el cómodo Auditorio Fundación que se encontraba prácticamente colmado en su capacidad. El espectáculo impacta desde su comienzo mismo por la cuidada escenografía de estilo minimalista donde los cuatro miembros de la banda se encuentran dispuestos en una misma línea y de manera simétrica. La iluminación cumple un papel especial y las máquinas de humo artificial –que funcionan desde bastante antes del comienzo- contribuyen a crear un clima intimista. El propio Fernando Ruiz Díaz se encarga de pedir al público que no tome fotografías con teléfonos móviles, una tarea difícil en los tiempos que corren. “La idea es disfrutar de un show que ya tiene mucha tecnología”, explica el líder de Catupecu Machu, pero solamente una parte del auditorio apaga sus móviles.

Indudablemente, lo mejor de Madera Microchip es el sonido particularísimo que logró la banda y que le permite mantener la intensidad de su música eléctrica utilizando una mezcla de instrumentos que incluye acústicos como la guitarra criolla y el cajón peruano. Se trata de un ida y vuelta permanente entre sonidos primordiales y actuales cuidadosamente ensamblados que despiertan en el público recuerdos que se encuentran más allá de la conciencia y permanecen ligados a experiencias vitales, tal como puede comprobarse en uno de los pasajes centrales del concierto, donde Ruiz Díaz ejecuta en solitario un instrumento de percusión denominado hang que le construyó un artesano cordobés especialmente para él. Se trata de una canción que escribió cuando su hija Lila se estaba gestando en el vientre de su madre.

En lo estrictamente musical, la propuesta de Madera Microchip al que el propio Ruiz Díaz calificó como “una locura”, descansa en la capacidad de Macabre para fusionar los sonidos divergentes y hasta antagónicos a través de la tecnología y las computadoras. Sobre esa base, la potente y particular voz del líder se luce y seduce a la audiencia. Es cierto que se trata de una locura porque no es común que bandas de rock tan consolidadas como Catupecu Machu se arriesguen a adentrarse en conciertos conceptuales, donde la música reemplaza a las canciones consagradas que garantizan una respuesta inmediata del público. Pero la banda sortea la prueba de manera exitosa precisamente porque se preparó de manera concienzuda.

Los ritmos andinos funcionan como aliados en los pasajes del concierto donde los sonidos acústicos se imponen, momentos antes que suenen los hits eléctricos como Magia veneno, que poco después hacen estallar el teatro del Auditorio Fundación con casi un millar de voces cantando a coro; y sobre el final, cuando la banda se despide con una composición rítmica que muestra toda la intensidad que la caracteriza.

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