Estilo de vida

Los vinos preferidos de Matías Michelini

Matías Michelini reveló su predilección por tres de las 22 etiquetas que hoy produce junto a sus hermanos en el Valle de Uco, provincia de Mendoza: el Montesco Agua de Roca Sauvignon Blanc y los Eterno Retorno Petit Malbec y Bonarda.

 

Por Fernando Garello – El prestigioso enólogo llegó a Rosario junto a Gerardo, uno de sus hermanos, para participar de una degustación que se realizó en la vinoteca Lo de Granado, del Fisherton Plaza Mall. Con la habitual sencillez y predisposición que lo caracteriza, Matías Michelini habló de los vinos que produce desde hace poco más de cuatro años y revolucionaron la competitiva industria vitivinícola argentina, proyectando a Gualtallary a nivel mundial.

Durante la degustación desarrollada en un clima cálido e íntimo donde el público pudo escuchar de cerca a uno de los enólogos más sobresalientes de la actualidad, reconoció que de las 22 etiquetas que hoy produce junto a sus tres hermanos, muchas de las cuales consiguieron las mejores puntuaciones en concursos internacionales, se queda con tres: el Montesco Agua de Roca Sauvignon Blanc y los Eterno Retorno Petit Malbec y Bonarda.

Agua de Roca

Según explicó Matías Michelini se elabora con la producción de una parcela de dos hectáreas y media que tiene en Gualtallary y se encuentra a 1.500 msnm. “El suelo es de piedra y granito con manchas de carbonato de calcio. La cosecha se hace en cinco momentos diferentes, al igual que la fermentación. Este vino es el resultado del corte de las cinco fechas de cosecha”, dijo a los consumidores rosarinos que los escuchaban.

Además detalló que “se llama así porque a nosotros nos gustan mucho los vinos del valle del Loire, en Francia, donde hay un lugar en donde producen sauvignon blanc que parecen agua de río. Hace muchos años atrás, cuando los probaba me decía a mí mismo, esto es que como tomar agua de roca”.

Su predilección por este sauvignon blanc es tal que reconoció que de todos los vinos que hace “si solamente pudiera continuar haciendo uno, elegiría el Agua de Roca. Es difícil elegir porque todos son nuestros hijos pero en ese caso me quedaría con el sauvignon blanc”.

Eterno Retorno

Lo inmutable y lo que fluye, los viejos principios de la filosofía pre platónica seducen a Matías Michelini y sus hermanos. “Para nosotros hacer un vino es un desafío y una búsqueda. Todos los años tratamos de mejorarlos. Por ejemplo, desde que comencé a hacer el Agua de Roca, en 2011, pienso como hacerlo cada vez mejor, lo que para mí significa que logre mostrar mejor el lugar de donde proviene. El caso de los Eterno Retorno son esos vinos que después de años de búsqueda continuada llegué a un punto donde me dije listo, encontré la mejor forma de hacer este vino que a su vez es la mejor forma de lograr que represente a este lugar, al punto que estoy convencido que no cambiaría nada y que lo haría siempre igual porque no hay una mejor forma de hacerlo”, dijo el enólogo que revolucionó la vitivinicultura argentina al público que participó de la degustación del viernes, a quienes explicó que “por eso la etiqueta tiene a un dragón que se come su cola y es como que el principio se come al fin en un movimiento cíclico. El único cambio que tendrá este vino en el futuro serán las diferencias en el clima porque todo el resto será igual. Siempre se hará con las uvas de la misma parcela que se cosecharán en las mismas fechas y se fermentará y criará en huevos y en barricas viejas de cuatro o cinco usos. Estoy convencido, en mi equívoca visión, que estos vinos son la perfección. Para mi estos son dos vinos perfectos de Gualtallary”.

El Pinot Noir, un viejo tonel y un perro

La charla ofrecida por Matías y Gerardo Michelini en Lo de Granado tuvo momentos muy especiales, donde el público disfrutó, se asombró y se río. Por ejemplo, causaron una grata impresión las etiquetas que presentó Gerardo, en especial la línea Plop. También causó gracia la anécdota que contó Matías con respecto a la crianza que tiene el originalísimo Punta Negra Pinot Noir que se lleva a cabo en “un tonel que llegó al país desde Francia en 1949 que encontré en una bodega muy vieja y que un perro usaba como casa”.

Según relató, debó comprarle una nueva casa al can para que el dueño se lo entregara y  un viejo tonelero mendocino de más de 70 años lo restaurara. Su interés por ese tonel abandonado surgió de la idea de que “en nuestro país se están haciendo pinot noir gordos, con mucha madera, que quieren parecerse a los malbec”. “Yo pensaba que esa gordura proviene de la forma de las barricas de 225 litros que son petisas y gordas y comencé a buscar la forma para que nuestro pinot noir se estire y este tonel es más largo que ancho”, afirmó y entre risas agregó que de esa manera buscó que el Punta Negra “se estire en la sensación que deja en boca”.

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