Literatura

Libertad sexual en el país de los femicidios

La escritora francesa Catherine Millet, autora de una autobiografía sexual que hace 14 años revolucionó Francia, participó del Festival Latinoamericano de Literatura de Buenos Aires. “En el sexo hoy somos más conservadores que en los ’60”, sostuvo.

Catherine Millet pasó por el Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires.

Catherine Millet pasó por el Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires.

Por Fernando Garello – Escuchar a Catherine Millet hablar sobre la libertad sexual femenina en un país como el nuestro, donde los femicidios son cosas de todos los días y donde cientos de mujeres mueren año tras año a causa de abortos clandestinos, mientras el Estado se niega siquiera a debatir un proyecto de ley sobre el tema, constituye un verdadero contraste. No es casual que los argentinos no tengamos una figura así, que hablé de la sexualidad femenina en primera persona y la propuesta mediática local parezca contentarse con las andanzas de Vicky Xipolitakis. Las sociedades conservadoras como las nuestras toleran los desnudos pero detestan que las mujeres puedan decidir con libertad sobre sus propios cuerpos.

Tampoco es casual que la crítica de arte y escritora que en 2001 revolucionó literalmente a Paris con la publicación de La vida sexual de Catherine M., haya sido invitada por las autoridades del Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires, una institución que marcha a la vanguardia en materia cultural y desde hace siete años viene generando un espacio de reflexión y debate que no abunda ni sobra en la Argentina actual. Por eso, cuando afirma que “en el sexo hoy somos más conservadores que en los ’60” uno comienza a hacer cálculos porque si en Francia se retrocedió cincuenta años, aquí probablemente lo hayamos hecho más de uno o dos siglos.

El libro de Millet vendió 3 millones de ejemplares y se tradujo a 40 idiomas y se inscribe en una tradición iniciada por escritoras de gran valor como Colette o Anaïs Nin, donde el punto de vista femenino sobre lo erótico emerge tras siglos de oscuridad con una fuerza irrefrenable. En el país acaba de ser editado por Anagrama, en un volumen que también incluye Celos, el otro lado de Catherine M. donde se interroga sobre uno de los sentimientos más primarios de los seres humanos.

“Tal vez no haya sexualidad sin celos”, dijo el jueves, siguiendo esos pensamientos, durante la entrevista que le realizó la periodista Patricia Kolesnicov en el auditorio del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba).

“Mi libro se inscribió en la corriente que se llama autoficción que hasta el día de hoy suscita muchos debates. En el momento en que lo publiqué, tanto en la literatura como en el cine, muchas mujeres se estaban animando a hablar de esto. Por ejemplo Catherine Breillat, la cineasta”, sostuvo en la segunda jornada del Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires.

Millet también cree que resulta difícil ser honestos al hablar de la sexualidad propia. “Muchas veces nos contamos a nosotros mismos muchas mentiras sobre nuestra sexualidad. Tengo la convicción de que en este plano las mujeres nos engañamos menos que los hombres. Si uno se refiere más al plano de la escritura, mi dificultad fue encontrar el tono justo para decir las cosas pero sin chocar. No quería chocar con los lectores que me imaginaban o no tenían la misma sexualidad que yo”.

Menor libertad

“Siempre hay un gran desfase entre el discurso que tenemos en sociedad, donde se supone que hoy somos más libres que antes, inclusive hay herramientas para vincularse sexualmente desde los teléfonos celulares, aplicaciones para encontrarse a tener sexo con otros y satisfacer el deseo. Sin embargo, hay un desfase cada vez más importante entre la percepción de la sexualidad por la sociedad y la manera en cómo la vivimos”, afirmó durante la charla que mantuvo con la editora de la sección Cultura del diario Clarín. Según Millet, “las mujeres jóvenes tienen un discurso muy explícito, incluso el vocabulario que emplean. Pero por ejemplo respecto de la pareja, el amor, son más inocentes que en mi generación. Somos ahora más conservadores que en los 60. Éramos más libres entonces”.

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