Música

Las Pelotas, ensoñación, ritmo y estallido

La banda liderada por Germán Daffunchio volvió a Rosario para ofrecer un concierto de antología donde no faltaron ni sus éxitos ni los ingredientes que la distinguen.

Germán Daffunchio se siente a gusto con el público rosarino.

Germán Daffunchio se siente a gusto con el público rosarino.

Por Giset Terreno – Germán Daffunchio conoce la fórmula para encender al público rosarino y el sábado, en Club Brown, lo demostró una vez más con un concierto antológico que se abrió con “Rey de los divinos”, de la película “Madres” de Eduardo Walger, dedicado “a todos los milicos de la dictadura” y muy apropiado para la víspera de una jornada electoral, provocando un clima de rebeldía que se mantuvo después con “Saben”, (Despierta, 2009) y prosiguió con “Si quisiste ver” y “¿Qué podés dar?”, de la misma grabación, donde sobresalen los sonidos muy cuidados de las guitarras que distinguen a la banda.

La explosión llegaría inmediatamente después con el recuerdo de Alejandro Sokol mediante el tema “Ya no estás”, (Basta, 2007) que con sus coros pegadizos invita a unir las voces como en un estadio de fútbol. Sin embargo, los ánimos volverían a calmarse con “El Ñandú” (Amor seco, 1995), tema más bien electro acústico que precisamente solía cantar Sokol.

Hacía un rato que el rock crudo había dejado paso a las canciones intimistas donde el color de la voz de Daffunchio se siente a sus anchas y comenzó a sonar de esa manera “Pasajeros” (Despierta, 2009), camino que prosiguió con “Siempre estará” (Cerca de las nubes, 2012), “No me acompañes” (Todo por un polvo, 1999) y desembocó en “Personalmente” (Despierta, 2009).

El arrobamiento y la ensoñación del público era tal que Daffunchio optó por devolverlos a la realidad preguntando cuándo se votaba y después la emprendió con “Solito vas” (Todo por un polvo, 1999), un reggae donde se retoma la figura del rey o la divinidad que desvirtúa la democracia y consagra la desigualdad.

El ritmo continuaba creciendo y mientras la gente coreaba el nombre de la banda comenzó a sonar “Si supieras” (La clave del éxito, 1997), que recuerda el paso de Gillespi a través de los vientos. La invitación a moverse seguía con “Transparente” (¿Para qué?, 1998), donde solía lucirse otro de los músicos que perdió la banda trágicamente, el guitarrista invitado Tavo Kupinski. El wah wah y el teclado característicos de “Siento, luego existo” (Basta, 2007) puso fin a esa escalada rítmica que literalmente dio vuelta al Club Brown.

“Bombachitas rosas” (Corderos en la noche, 1991), devolvió al auditorio las ganas de corear y cubrió los ánimos con acordes de guitarras melancólicas para después dar lugar al ascendente “Blancanieves” (La clave del éxito, 1997).

El rock desnudo volvió de la mano de “Grasa de chancho” (Amor seco, 1995) y con ella las frases contestatarias que recordaban que estábamos en vísperas de un acto eleccionario. “Peces” (Máscara de sal, 1994), completó el combo rabioso que dio paso a “Esperando el milagro”, del disco homónimo de 2003 y que representa una crítica a la credulidad social.

La despedida llegó con “Cuántas cosas” (Cerca de las nubes, 2012), un verdadero atentado emocional y tras advertir que el público estaba knock out, el líder de Las Pelotas les recordó que si querían más debían hacerse oír y pedir y fue así que llegó “Escondido bajo el brazo”, del mismo CD, que la banda interpretó junto a Pancho Chevez en armónica.

Pero los bises no se iban a terminar allí y siguieron con “Capitán América”  (Máscaras de sal, 1994) y un infaltable en el repertorio pelotero, “Shine” (Corderos en la noche, 1991), que puso otra vez patas para arriba al auditorio.

Mientras algunos se iban y otros seguían reclamando bises, la banda volvió al escenario una vez más con “El cazador” (Amor seco, 1995) y “Uva uva” (¿Para qué?, 1998) y reservó el cierre para un tributo a sus genes, con “El ojo blindado” de Sumo.

Click para comentar

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Subir