Estilo de vida

Las historias milenarias del té

En el marco de la Semana Gastronómica de Rosario, la Tea Master Liliana Venerucci ofreció una cata guiada sobre los cinco tipos de la infusión en la Escuela Argentina de Té.

Por Fernando Garello – A Liliana Venerucci le gusta decir que cada taza de té cuenta una historia que merece ser escuchada y que entre las más de veinte mil variedades de la infusión, hay una para cada persona, sólo hay que descubrirla. Escucharla en medio del vértigo de la Semana Gastronómica de Rosario, con su decir fluido y envolvente, representa un verdadero estímulo para quienes están decididos a internarse en el fascinante mundo de la bebida que tiene más de 4.500 años de historia. “Muchas veces los periodistas nos preguntan por qué el té se pone nuevamente de moda y les respondemos que se debe a que la infusión asiste al hombre contemporáneo que está demasiado estresado”, afirma apenas terminada la charla que acaba de dar en la sede de la Escuela Argentina de Té, institución que dirige en forma conjunta con Diego Morlachetti.

Para la Tea Master, la milenaria bebida aparece en nuestras vidas, porque “cuando empezamos a tratar de cambiar nuestro estilo de vida y a practicar yoga o meditación, el té se nos presenta como un compañero ideal”.

Con todo su bagaje a cuestas, es un verdadero desafío a la imaginación, porque “nunca nos figuramos lo que hay detrás de cada taza de té. Por eso me gusta decir que cada taza nos cuenta una historia. Por ejemplo, la del terruño de donde proviene porque no son iguales los tés que crecen a 2.500 msnm que lo que lo hacen a 300 msnm o los que provienen de una tierra de la alta montaña, cubierta por una neblina fría durante la noche que aquellos que nacen en una tierra bañada por el río Brahmaputra”.

“Cada tipo de té nos cuenta una historia y una cultura además de un modo particular de prepararlo”, pero eso no es todo, hay que agregar las cosechas “porque no es igual la que se hace en primavera que la del segunda cosecha del verano”.

Aunque parezca sorprendente, hay tés que han sido guardados por alrededor de ochenta años. “Tampoco es igual la añada de cada té. Hay tés que tienen cinco, diez, quince y hasta ochenta años de guarda”, revela Venerucci y concluye que “una taza té nunca es algo simple. Por eso cuando la exploramos y descubrimos sus aromas y sabores, comenzamos a tener una apreciación que va mucho más allá del producto en sí mismo y nos permite ver la herencia cultural que hay en ella”.

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