Cultura y Vinos

La sommellerie argentina se sacude el esnobismo

Matías Prezioso, presidente reelecto de la Asociación Argentina de Sommeliers, se refiere al proceso interno que recientemente vivió la institución -al que interpreta como un signo de madurez- y se entusiasma con los nuevos profesionales, menos esnobs y más empáticos con los nuevos consumidores.

Matías Prezioso durante el concurso Mejor Sommelier de Argentina, desarrollado en Buenos Aires en septiembre pasado.

Por Fernando Garello – Pasaron poco más de dos semanas de la histórica elección interna de la Asociación Argentina de Sommeliers y su presidente Matías Prezioso todavía experimenta sensaciones que contrastan. Por un lado, está satisfecho y feliz porque los asociados reconocieron y respaldaron el trabajo que desarrolló junto a la comisión directiva que encabeza y, por otro lado, considera que hubo cuestiones que debieron manejarse de forma diferente, a través del diálogo, evitando que la confrontación interna alcance a los asociados. Sin embargo, a la hora de sacar conclusiones, no tiene dudas que todo lo que se vivió a los largo de los últimos meses se explica por el proceso de maduración que está experimentando la institución. También está convencido sobre los beneficios de la progresiva federalización que en apenas tres años duplicó la cantidad de ciudades donde está presente la AAS y se esperanza con las nuevas generaciones de sommeliers que sienten menor inclinación por el esnobismo que rodea al mundo del vino y tienen mayor facilidad para conectarse con los nuevos consumidores.

A poco días de las elecciones internas en la AAS donde resultó electo, ¿qué lectura hace de ese proceso electoral? ¿Considera que la institución salió fortalecida? ¿Volvería a competir o prefiere los acuerdos y los consensos?

-La lectura es compleja. Por un lado, felices que los socios hayan depositado nuevamente su confianza sobre nosotros y al mismo tiempo porque refuerza la idea que venimos por el buen camino. Asimismo, pienso que el proceso no se dio de la manera que nos hubiese gustado. Tal vez hay cosas que deberían haber quedado más para el ámbito privado, pero al final del día me queda la tranquilidad que el proceso se dio de forma transparente y fueron los socios los que a través de su voto decidieron el grupo de colegas que integrará la Comisión Directiva por los próximos tres años. En definitiva, creo que – más allá de los aciertos y errores – estas cosas suceden en parte porque hay una institución que está pasando de la juventud a la madurez, tomando cada vez más relevancia dentro del mundo del vino. Así que es parte del crecimiento como profesión e institución.

¿Por qué piensa que los asociados optaron por la lista que encabezó junto a Valeria Mortara?

-Creo que ambas listas hicieron propuestas diversas y había visiones distintas en cuanto a la orientación que debía llevar la AAS. Creo también que esas diferencias no eran de raíz opuestas, sino que el mismo proceso de las elecciones magnificó la cuestión. Pero en ese sentido, nosotros escuchamos todas las opiniones en la previa y post elecciones porque de esa forma se sigue aprediendo y especialmente podemos llevar la Asociación para el lado que los socios se sientan más identificados.

¿Cuáles son las metas de la administración de la AAS para el próximo período? ¿Qué acciones tienen previsto priorizar?

-La AAS se ha convertido en una institución que toda la industria conoce y que las bodegas respetan. Buscaremos seguir afianzando esos lazos porque son los que en definitiva permiten que la profesión siga fortaleciéndose. Al mismo tiempo, continuaremos expandiendo la AAS en cada rincón del país. Es un proceso que iniciamos hace tres años, que tuvo sus frutos porque iniciamos la gestión en 2016 con dos ciudades y la finalizamos en 2019 con cinco ciudades. Pero falta camino por recorrer, integrar más ciudades y fortalecer las actuales. Y también, seguiremos pensando más y mejores ideas para las actividades y seminarios que llevamos adelante constantemente para los sommeliers socios de la AAS.

¿Qué lugar ocupa el mal denominado interior del país en los planes de desarrollo de la institución?

-Un papel fundamental. El “federalismo” fue uno de los tres puntos clave de nuestra gestión anterior y creemos haber realizado un gran trabajo. Pero claramente, las opiniones y el interés que se generó en el proceso electoral nos ha demostrado que queda mucho camino por recorrer. Hemos escuchado esas opiniones y ya estamos empezando a planificar en función de ello.

La industria vitivinícola está retrocediendo en un contexto de contracción de la economía que no ayuda a su recuperación, ¿qué pueden hacer los sommeliers para comenzar a revertir esa situación?

-No creo que los sommeliers tengan alguna responsabilidad en ello. Más bien, todo lo contrario. La profesión en Argentina ya tiene casi veinte años y ha madurado. Hoy los sommeliers ocupan diversos puestos de trabajo y cada uno desde el lugar que le toca – en la mesa de un restaurante, a través de la prensa, dando clases, trabajando en áreas de comercialización – estimula el consumo de vinos y da valor agregado a las propuestas. Sí creo que los sommeliers contamos con una formación interesante para poder leer las situaciones y dotar a quien tengamos en frente con algo de conocimiento o disfrute para que la relación con el vino sea cada vez más estrecha. Dependerá de la situación si debe ser a través de un vino complejo, una anécdota interesante o un trago que contenga vino. Pero lo importante es que el lazo con el vino sea cada vez más sólido.

¿Cuál considera que es la función distintiva del sommelier argentino en esta tercera década del siglo XXI que está por comenzar?

-Contribuir con la cultura del vino en Argentina. Hoy que tanto se habla de la caída del consumo, siento que estamos en un momento donde nuestro país vive una revolución en cuanto a estilos, variedades y regiones. Estamos en un gran momento a nivel cualitativo y los sommeliers ocupamos muchas áreas de trabajo para aportar nuestro granito de arena en el crecimiento del vino argentino.

¿Está preparada hoy la industria vitivinícola nacional para intentar captar a las nuevas generaciones de consumidores, con gustos, creencias e intereses muy diferentes a los de generaciones anteriores?

-Creo justamente que las nuevas generaciones de sommeliers tienen menos esnobismo, consumen el vino mucho más cerca del consumidor y eso se traduce en la forma que después tienen de comunicarlo. Nunca hay que confundir la forma con el contenido. Sigue haciendo falta profundizar en el conocimiento y en la reflexión crítica, no maravillarse ante la novedad sólo por ser novedad. Por eso, desde la Asociación buscamos dar valor agregado en actividades como La Geografía del Vino, Las Nuevas IG, SommLab, o tantas otras. Vamos por el buen camino.

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