Estilo de vida

Con la elegancia de Agrelo

Finca Decero nació hace quince años de la mano de una familia de origen suizo y apostó tempranamente por el concepto de terroir y las virtudes de Agrelo. El jueves presentó sus vinos en Rosario.

 

La notable expansión que experimentó la vitivinicultura argentina durante los últimos veinte años nos dejó como premios a numerosos emprendimientos que merecen ser conocidos. Uno de ellos es Finca Decero, la bodega que una familia suiza dedicada al negocio del cemento pero con fuerte vínculos con el mundo del vino construyó de la nada en Agrelo, provincia de Mendoza. Todo comenzó por el año 2000, cuando Thomas Schmidheiny decidió continuar la pasión familiar que heredó de su abuelo y de su madre, quien fundó una pequeña bodega en Napa Valley en la década del 70, creando Finca Decero en un rincón que hasta entonces permanecía virgen en Agrelo, provincia de Mendoza. Por ese entonces el sector bodeguero y viñatero argentino comenzaba a experimentar una etapa de crecimiento inédito, aunque Decero apostó tempranamente por el concepto de terroir que hoy se impone.

“En ese momento se tomaron cuatro decisiones que terminaron transformándose en los pilares de nuestra forma de hacer vinos. La primera fue arrancar de cero. Donde hoy están la bodega y los viñedos no había nada, era un terreno baldío. La idea es que cuando se algo desde cero no hay compromisos con lo que ya está hecho, sobre todo en términos de calidad. La segunda fue hacer single vineyard o vino de terroir, una decisión pionera para el año 2000. Hoy todo el mundo habla de terroir pero en aquel momento era un concepto poco desarrollado. La tercera está relacionada con la fama que tienen los vinos tintos de Agrelo por lo que se decide plantar solamente variedades tintas. La cuarta fue elaborar un portfolio de vinos acotado y reducido a aquellas variedades que ofrecen su mayor calidad en el terroir”, explicó Leandro Bastías, Latin America Sales Manager de la bodega, en la cata que se desarrolló en la sede Forum-Puerto Norte de Lo de Granado.

En cuanto a las características de Agrelo, Bastías explicó que “después del Valle de Uco es la zona más alta donde se cultivan vides en Mendoza. Los suelos son profundos, heterogéneos, de origen aluvional y perfil franco arenosos y arcillosos que permiten producir vinos muy equilibrados con muy buenos niveles de acidez natural y mucha elegancia”.

Durante la degustación se pudieron probar las tres etiquetas que conforman la línea clásica de la bodega, un Malbec a la vez fresco y complejo que impactó positivamente de manera unánime, un Syrah singular y de paladar jugoso, muy diferente a los sanjuaninos, y un Cabernet Sauvignon de buena estructura con notas de frutas negras y casis. Finalmente se sirvió una verdadera gema de la bodega, un Petit Verdot criado durante 16 meses en barricas de roble francés que se destaca por sus notas florales y frutales, entre ellas, los arándanos y el jazmín.

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