Fotografía

Encantos de una Italia rural perdida

La muestra fotográfica de Amilcare Azzoni se expone del 13 de junio al 14 de julio en la Sala Augusto Schiavoni del Centro Cultural Roberto Fontanarrosa.

Las fotografía del Amilcare Azzoni fueron rescatadas por Gustavo Gutierréz y se exhibirán en el CC Roberto Fontanarrosa.

El rosarino Gustavo Gutiérrez recuperó una serie de fotos tomadas por Amilcare Azzoni que retratan la vida cotidiana y las costumbres de Casteldidone, un pequeño pueblo italiano, y nos sumerge en un verdadero viaje al pasado.

En la inauguración del jueves 13 de junio a las 19, participará Martín Brook, Cónsul General de Italia en Rosario, que brindará un panorama sobre el contexto geopolítico de Italia, de Argentina y de Europa de esa época.

Gustavo Gutiérrez relata que en 1991, cuando recién había terminado su carrera universitaria y se encontraba becado en Europa, “las vueltas de la vida me llevaron a encontrar el pueblo de mis bisabuelos, el eslabón perdido de todos los descendientes de inmigrantes: Casteldidone, un “piccolo paese” de 500 habitantes cercano a Cremona, en la llanura lombarda”.

El relato completo de Gutiérrez prosigue de esta manera: Sin saber con quién hablar, la oficina de la Comuna de Casteldidone fue mi lugar de bienvenida, como así también era el lugar de trabajo de su empleado, Amilcare Azzoni. En realidad, Amilcare era el único empleado de la Comuna y quien, a partir de ese momento, se convirtió en mi guía en este fascinante viaje al pasado que me invito a recorrer.

Mi amigo Amilcare representa la historia viva del pueblo. Fue él, con sus relatos tan precisos sobre cada rincón de Casteldidone, quien me abrió las puertas a ese mundo del ayer. Nuestro contacto siguió. Su postal navideña era infaltable.

Pasaron muchos años y en 2018 pude volver, ya con mi familia. De este último viaje traje dos tesoros conmigo: las increíbles fotos de momentos de la vida del Casteldidone de hace casi 50 años, inmortalizadas por Amilcare. Es la batalla que ganó, en compañía de su cámara, la más moderna para aquella época, para que el legado de su pueblo no se perdiera.

Mi otro tesoro encontrado, que encierra su pasión por “nuestro” pueblo, es una foto de la casa natal de mi bisabuelo Omobono que, sorprendentemente (o no), resultó ser la misma en la que casi 60 años después nació mi amigo Amilcare. Quizás este último motivo sea algún guiño que el destino le hizo ese día de 1991 en su deseo de preservar su historia. Y quizás me lo hizo a mí también, para no perder la mía.

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