Estilo de vida

Degustar con los ojos cerrados

Las degustaciones de vinos a ciegas se imponen y atraen nuevos seguidores porque, según el sommelier Víctor Diamante,  estimulan los sentidos y permiten descubrir y compartir etiquetas en un formato lúdico.   

 

Degustar vinos a ciegas estimula los sentidos, ahuyenta los prejuicios y transforma en un juego una práctica que en Rosario, como en la mayoría de las grandes ciudades de la Argentina, gana nuevos adeptos. “Es un formato que a mí particularmente me gusta mucho y me divierte. Siento que además de dar una charla, juego y comparto con la gente”, dice Víctor Diamante, sommelier de destacada trayectoria, luego de conducir un evento de estas características en Catalunya Vins, donde se probaron seis etiquetas de una cepa como el Cabernet Franc que desde hace algunos años se encuentra en marcado ascenso y hoy puede decirse que es una de las estrellas de la vitivinicultura argentina.

Como en muchos otros juegos, en las degustaciones a ciegas suele haber algunas trampas. De las seis etiquetas que se probaron, una no correspondía a un Cabernet Franc sino a un Malbec riojano que despistó a muchos aunque no a todos. Si bien quedaron afuera grandes exponentes de la variedad como el Casarena Lauren´s Single Vineyard Agrelo o el Riccitelli Vineyard Selection, se degustaron vinos muy bien logrados como el Durigutti y el Lamadrid Reserva. También sobresalieron el clásico Saint Felicien y el Nicasia, ambos de la bodega Catena Zapata, y el Ala Colorada de Las Perdices, una etiqueta que se posicionó rápidamente en el mercado nacional.

Como era de esperar, las opiniones finales no fueron unánimes, aunque sí hubo coincidencia acerca del esfuerzo de la industria bodeguera nacional por apostar por una cepa que bien trabajada ofrece vinos que cautivan por su sensualidad.

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