Música

Bailar a Ritmo

Un Diego Frenkel eléctrico y vital, presentó junto a su banda su quinto disco como solista en el Gran Salón de Plataforma Lavardén.

Frenkel en el escenario de Plataforma Lavardén.

Por Mariana García – Los seguidores más fervorosos llegaron antes, ansiosos. El quinto piso de la sala Lavardén así lo invita también. Mesas, sillas, velas. Poca luz y un buffet que la noche del jueves se predispone a disfrutar con mucho ímpetu. Ritmo, quinto álbum solista del cantautor Diego Frenkel, es un disco completamente atravesado por el sonido de una banda compuesta por Lucy Patané (guitarras eléctricas, coros y bajo); Florencio Finkel (bajo y coros) y Pedro Bulgakov (batería, percusión y coros). Pasada media hora del encuentro pactado, sin saludo previo, Vía láctea canción de medio tiempo, cálida, de sensaciones confortables y amorosas, fue el comienzo perfecto para encender los motores de la fiesta. Me refiero solo a un término, porque no necesariamente el disco sea una fiesta. Pero tiene una pulsión que lo amerita. Le siguió un riff eléctrico de Ritmo donde Lucy pasó al frente y se ganó la ovación de la gente. Finalizado el tema que le da nombre y concepto al disco, Frenkel agradeció y saludó con una sonrisa. Los temas vibran y es porque la banda tiene potencia, un algo rítmico, extrovertido, que solo el vivo lo puede dar.
Te hace bailar no de las formas que quizás otras danzas sugieren que deba ser. Ritmo es una palabra absolutamente amplia y lo primero que uno imagina es que el disco es bailable y cuando digo no, Elemental suena, llevándote a andar por lugares sutiles y de profundo impacto.
Las canciones del disco son visiones de distintos lugares del ritmo, de la vida, del cosmos, de la pulsión vital, del ritmo cardiaco. Cambia la guitarra eléctrica por la acústica y con fuerza de violas tocan Corazón. Luego pasó a un tema que está inscripto en el disco 10 mil kilómetros de La Portuaria. Una joya que rescató y que necesariamente ha sido de los hits radiales. El tema reversionado fue Bajo la piel.
Diego Frenkel sabe que fue un músico que osciló entre lo popular con una conexión grande con lo masivo, y  puertas adentro, resultó no ser tan así. Pero parece no tener prejuicios en el arte por su convocatoria. La sala no estaba del todo llena y aun así eso no importó. El primer simple que aparece en el CD tiene un nombre que incita a bailar. Estaba vestido de negro y podría haberse fundido con las cortinas del escenario. Pero es imposible quitarle la mirada cuando danza con Danza. El público de a poco se levantó de sus sillas y, aceptando la invitación del cantante, lo acompañaron a bailar.

Junto a su banda presentó su quinto disco solista.

Agradece nuevamente y es reiterativo con el agradecimiento. Se le nota la felicidad de estar en Rosario y lo hace saber. Interpretar de una manera específica pero que suene natural parece ser el lema. Partiendo de un lugar simple como la guitarra y las manos, más que nada la mano derecha. Más de lo rítmico que de lo armónico. Entre las violas se fue armando un entrelazado de finas, claras, sencillas, definidas notas, un remanso como Océano. Puede ser que muchas canciones contengan la metáfora del mar y de la naturaleza, esta no es la excepción. Es un disco Zen, donde hay pocos instrumentos agregados. Las letras no están atravesadas por una intelectualidad elevada, más bien parecen ir derecho del inocente al papel. Con gran tiempo de recorrida, sus grandes himnos están impresos en la memoria, como si fueran tatuajes en el cuerpo. La gente se vuelve a sorprender, emocionar y a excitar con 10 mil kilómetros de amor, tema que ha tocado tanto a tal punto que se volvió propio y personal, como la versión que regaló. El show iba casi llegando a una hora, cuando Lluvia reveló la capacidad que tiene para enamorar con esa cadencia entre el baile y el swing rítmico de la canción que la gente siguió con aplausos y acompaño el ritmo bestial de Amor demolición. La música tiene una función espiritual que forma parte de un plano casi esotérico de la vida. Con Mantra la gente explotó. Esa canción llama mucho la atención. Describe el pulso en el que estamos y la vida cotidiana en las ciudades. Y repite “yo me meto en el mantra de la vida cotidiana”, para conectarnos con lo que trasciende esa cotidianidad. Se asemeja a un mantra budista, que repite y repite y por repetición genera un estado.
No es la cantidad de público lo que da la gratificación, sino que haya habido magia en el escenario, que el ritual se cumpla y logre romper con la realidad cotidiana. Mira las nubes de La Portuaria. Un bajo que ruge, que tiene mucha presencia, de buenos graves, una batería que fue el corazón rítmico y dos violas alucinantes. Diego Frenkel combino temas de su nuevo disco solista Ritmo con temas de su trayectoria. Energético, eléctrico, con mucha vitalidad. Los 50 años parecen no haberle hecho marcas en la piel ni quitado movilidad a su cuerpo, entre bromas y risas aprovecho para comentar que iba a estar firmando los discos a la salida. Tratando de dejar un rupestre arte pictórico personalizado e inspirado. Siendo muy participativo con el público, dejó elegir el tema Baby con el cual se despidió.

Click para comentar

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Subir