Música

ADN jazzero

Salió a la luz el primer disco solista de Sebastián de Urquiza, joven y talentoso contrabajista a quienes muchos ya escucharon en Convivencia, de su padre, Juan Cruz, quien a su vez toca también en el grupo de su hijo.

Fuera de línea, el primer álbum propio de Sebastián de Urquiza.

Fuera de línea, el primer álbum propio de Sebastián de Urquiza.

Todo queda en familia… Un compositor e instrumentista que se suma al gran movimiento del jazz argentino. Sebastián de Urquiza viene tocando en el circuito de jazz porteño desde hace unos años y es parte de esa camada sub 30 de músicos que se tocan todo, que tienen el vocabulario completo de los estilos pero también mucha inquietud y oídos abiertos a todo lo nuevo que se está cocinando acá y afuera. Es la levadura del jazz argentino, sin dudas, porque no es un fenómeno de Buenos Aires solamente: escenas muy activas en Rosario, Necochea, Mar del Plata, Neuquén, General Roca, y otras plazas del país donde hierve esta música.

Los socios del Club seguramente recordarán a Sebastián porque es el contrabajista de Convivencia, el disco de Juan Cruz de Urquiza quien, como ya se dijo, es el padre de la criatura… En ese disco (Disco del Mes en 2014), Sebastián no sólo tocaba el contrabajo, sino que también cantaba magistralmente la versión de Donde no se lee, de Luis Alberto Spinetta.

En este, su primer disco propio, no canta con la voz, pero es el compositor de seis de los ocho temas. Su quinteto es un lujo. La base rítmica la completan Francisco Lo Vuolo en piano y Guillermo Harriague en batería. Los vientos, Juan Cruz de Urquiza (trompeta, claro) y Pablo Moser (saxo tenor y barítono). Con esa formación, más Emma Famin en saxo alto y soprano en un par de tracks, Sebastián arrasa.

Sus piezas son de desarrollo largo, y no están pensadas como una extensión del contrabajo, sino que tienen una arquitectura propia de un trabajo de composición y mucha melodía. En ese sentido, el aporte de los vientos es fundamental. El piano interviene por lo general en una segunda etapa de los temas, teniendo una función más bien rítmico-armónica en la presentación de los motivos.

La inclusión de Regard du Père (track 6), una obra del compositor galo Olivier Messiaen, personaje alejadísimo del jazz -y de cualquier otra música popular- da una idea de por dónde pasan las inquietudes de este joven compositor: preocupado por la arquitectura de la música y también por la búsqueda de climas y tensiones alejadas de las progresiones armónicas más transitadas.

Se trata de un brillante primer ejercicio discográfico. Es un trabajo maduro que ya desearían músicos con trayectoria larga.

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